El sujeto busca el emplazamiento en el medio que le rodea, pero solo lo puede proyectar en el espacio de lo íntimo. Lo público le resulta ajeno, no posee la capacidad de sujetizarlo.
El espacio se encuentra fragmentado, cada ángulo es una nueva perspectiva, esto le sorprende pero a la vez le desubica, le reafirma en su impotencia para sentirse parte de él, resultándole el área indefinida.
La extensión que le rodea, le resulta siniestra, se ha transformado en un mundo plano, donde el punto de visión esta definido por la arquitectura, creando una escenografita del paisaje.
El espacio de interactuación lo percibimos como un estriamiento, no tenemos libertad de movimiento, los canales de acción y flujo están definidos.