martes, 10 de junio de 2008
Narciso se está transformando, ya no está enamorado de sí mismo, ni siquiera de su reflejo, ahora está aterrorizado por la vida cotidiana, por su cuerpo (del que a la vez sigue enamorado como auto-creación) y por un entorno que en la mayoría de los aspectos se le torna agresivo.
Este Narciso se ha constituido como neoindividualista, ha dejado de reducirse al hedonismo y psicologismo y ha optado por la construcción de si mismo, tomando al cuerpo y a la vida a los que transforma y adapta. Ya no es un ser triunfante, es fragilizado, fragmentado, desestabilizado, tiene que llevarse a cuestas y construirse solo, sin los dictámenes que antes lo definían ni tampoco los moldes colectivos que le eran dado de antemano.
Todo ello ocurre dentro de la cultura individualista del bienestar, éxtasis del cuerpo, del éxito y la autonomía subjetiva. Esto es una situación inédita, porque aunque la ética y la moral (interpersonal y emocional, indolora y no imperativa) estén en auge ya no hay un llamamiento a la consagración. Todo ello coincide con la sucesiva deslegitimización de las morales colectivas sacrifícales occidentales, cada uno es un actor libre y liberado de esas antiguas imposiciones colectivas.




